Lo que los gatos maullan...

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domingo, 13 de septiembre de 2015

Cinco meses de la vida

Ya sé, un largo tiempo. Cada vez que tenía la intención se sentarme a escribir algo pasaba.

Generalmente mis emociones eran muy turbias, de esas veces que no se lo que siento menos como expresarlo. 

Muchas cosas han cambiado, al mismo tiempo todo sigue igual.

Vivo en la misma casa, mi familia comienza a tomar sus caminos.
Voy a la misma escuela, tengo más amigos.
Amo a la misma persona, en su rechazo me gusta alguien más. 
La relación con mi mejor amigo es excelente, su trabajo lo absorbe y ya no pasamos tiempo juntos.

El tiempo pasa y no se detiene. 
Yo cambio y vuelvo a ser lo que era. 

Mis emociones siguen siendo explosivas y turbias, coloridas y apacas.

Todo ahora es más claro pero más ruidoso.

Me desilusiona y luego me ama.
Me ama y luego me olvida.
Me olvida y luego me abraza.
Y yo, siempre estoy esperando.

Pero ahora lo que espero no es que él me mire, espero que alguien me mire.

A él lo amo, como siempre.
Otro me gusta, en un sentimiento nuevo.

¿Cómo pasó esto?

Estoy cansada de esperar y de que sus manos fuertes no me sostengan.
Soy egoísta y quiero más, quiero ser el todo de una persona.

¿Por qué nos aferramos a personas que nos lastiman?
Porque la alegría que nos dan opaca el mismo dolor que queda.

Pero nada es para siempre, ni la felicidad ni el dolor.
Ni la espera.


Y ahora en vez de ser uno son dos.

lunes, 5 de mayo de 2014

El peso sobre tus hombros.

Estos días he estado más calmada, después de entender claramente el temor que me abordaba, puedo realizar una estrategia para enfrentarlo.

Cuando te temes a ti misma, cuando temes lo alto que puedas volar o que tan brillante eres, puede ser muy doloroso. Es una batalla constante contigo mismo, entre que sí y que no. Es como esa historia de los lobos.

Dentro de nosotros habitan dos lobos: uno es la furia y la rabia, la oscuridad por decirlo de algún modo; el otro todo lo contrario, la calma y la luz. Gana claramente el que decides alimentar. 

Estar en lo alto, en ocasiones puede ser doloroso y solitario, pues no todos estamos dispuestos a volar.
Recuerdo que ya había escrito hace tiempo algo así: mis alas no son de cera y no se quemarán al llegar al Sol. 

Y efectivamente no se quemaron, pero decidí no volar.

Siempre me dijeron que tenía la capacidad de volar, que era impresionante la habilidad que tenía para desaparecer, cuando me voy nadie lo nota. Así que estaba acostumbrada a estar sola, también por decisión propia, convivir con personas es muy complicado, pero esa idea empezó a cambiar cuando me enamoré de Jonathan, él me dijo una vez que se quedaría a mi lado, no me dejaría volar sola. 

Recuerdo perfectamente la escena, como muchas otras que pase con él, estábamos caminando por una calle solitaria hacia casa, era un lindo día. Había un cielo azul sobre nosotros y una esponjosa y gran nube cubría el Sol momentáneamente. Él tomaba mi mano, y cuando me dijo esas palabras, pude sentir firmeza en el agarre, yo creí en sus palabras como creí en la fuerza de sus manos.

Pero paso después que no tuvo la voluntad para hacerlo. Y descubrí entonces que los cobardes hablan mucho bajo el árbol que no pueden escalar.

No era la primera vez que alguien se despedía de mi diciendo: Eres demasiado buena y entregada, tu amor es demasiado grande y estoy seguro que vendrá alguien que lo merezca más que yo. Y resulta aterrador que las personas que lo dijeron, usaron las mismas palabras, como si hubiera por ahí un guion de como terminar con Cori.

Y entonces me aterré, tuvo miedo de mi y de quedarme sola, así por decisión y por comodidad momentánea, decidí no volar más. Y aquí en la tierra conocí a muchos, que aunque no podían volar, disfrutaban mucho caminar, entonces camine con ellos.

Paso también que cuando intentaba retirarme sutilmente como solía hacerlo, uno de ellos me miraba, y cada vez que lo intentaba preguntaba ¿adonde vas? La primera vez me sorprendió y no pude contestar. Me di cuenta entonces que no era yo la que se había equivocado, no, ellos no me habían fallado, simplemente nuestros intereses era distintos.

Y me sentí avergonzada, tanto tiempo pensando como victima.

Para cuando llego el momento de levantar vuelo nuevamente, los miré, caminar resulta más pintoresco, además tuve miedo de volar sola, lo que es normal después de haber probado caminar con compañía.

Entendí entonces que no se trata de como se viaja sino del camino que se recorre. Pero la angustia que me provocaron esas palabras, el dolor que me dejo esas partidas, me anclaron en la tierra y poco a poco comencé a hundirme. Temí de mi y me hundí en mi propia oscuridad, era bastante lógico, si temía de que fuera luz, solo tenía que ser oscuridad.

Lo curioso es que el final el juego que estaba jugando, me jugo a mí. Me consumí y me perdí. Decidí no buscarme, hasta que ya no pude caer más bajo. Ante ese final abrupto solo quedaba un camino: hacia adelante, y a tropezones me levanté, y estaba tan abajo que el único modo que había para salir de ahí, era volar. 

Y dude, nuevamente, pero comprendí que estaba sola, y que esta vez no había volado, que la soledad tal vez era algo que yo misma me había impuesto.

Así que hoy puedo mirar la luz, puedo volar o caminar, estoy consciente del camino y estoy consiente de la fortuna que vivo. Esas palabras, no las olvidaré, pero ya no las necesito.

Así es vivir, así es crecer, así es amar. En ocasiones, en los tiempos de incertidumbre, las palabras dolorosas resonarán con más fuerza, pero siempre es nuestra decisión si las escuchamos. 

Y en cuestiones que involucran grandes sentimientos como el amor, las cosas no siempre se pueden analizar fríamente. Tuve un momento malo, pero como la humana falible que soy, es normal. Tener de hecho, estos momentos nos ayudan a madurar. 


Lo que importa es saber darle el valor que merecen, ni más ni menos, claro que es más fácil decirlo que hacerlo.



miércoles, 13 de febrero de 2013

La última entrada: 17 de junio de 2012.

Exámenes que me he aturdido un poco. 

Me siento mal porque porque fallé y no habrá segunda oportunidad.


Problemas que me están devorando.



Silencios me están ensordeciendo.

Abrazos que ya no existen.



Compañías que ya no están... que se evaporaron.

Dolores que me mataron.


Sueños. 



Recuerdos. 


Dolor. 



Alegría. 


Frío. 

Calor. 





Toda acción lleva una consecuencia... y esta es la mía.



Esa es la última entrada en mi diario. Desde ese día me puse en pausa, el mundo seguía girando, pero yo no giraba a su ritmo. Giraba en los recuerdos, en los sueños que una vez tuve, en lo que creía conocer... en lo que creía ser.




miércoles, 22 de agosto de 2012

Temor... 436

Temor es la único que siento ahora. 

Temor de que la historia se repita... 

La verdad es que no había considerado que esto pasaría, quiero creer que lo que he logrado establecer estará ahí para siempre... pero no es así. 

Han internado a mi madre hoy, la acompañé a la parada, y cuando di la vuelta para regresar a casa las lágrimas manchaban mi rostro, temblaba, me costaba respirar... estaba aterrada. Aterrada de que ella también se fuera, de tener que hacer ese recorrido en taxi en la madrugada, ver la luna roja y esperar en esa odiosa banca a que la noche se la lleve, como se la llevo a ella...

Estaba sola. Abandonada en una casa, sola... Quería un abrazo, pero no había nadie que me lo diera... Ni amigos a quien recurrir, no había ni una sombra en la que acurrucarme... Ni canción que pudiera acompañarme...

¿Cuándo caí en este vacío de soledad? Creo que nunca salí de ahí. Los amigos que creía estarían ahí, no vinieron. 

Y temor es lo único que siento, pero una luz me ilumina un poco... Los recuerdos me abrazan. 

No solo espero que llegue mañana y que ella abra esa puerta... Porque si la pierdo a ella no podría alzar la vista, no soportaría de pie esta vez...

Estoy perdida en el bosque que creció en mí, creí que subiría los arboles para mirar el cielo, pero le verdad es que me hundí en las hierbas...



No tendría ninguna razón 
para mirar el cielo sin ti...





Se que aún hay algo ahí dentro...

sábado, 18 de febrero de 2012

Sábado 18 de febrero 2012. Un mes ha pasado.

Está mañana he llegado muy feliz a la escuela. Liz me preguntó la razón, sin pensarlo conteste: Hoy se cumple un mes de que me terminará, en un principio no creí sobrevivir ni un día.


Pero todo lo que sube tiene que bajar. Mi humor bajo un poco, pero son las conclusiones de un mes de dolor. La verdad es que la clase me ayuda, las reflexiones son muy buenas. Entiendo la complejidad de lo incomplejo.


Pues sí, resulta que tal vez este pensando demasiado las cosas, resulta que siempre he sido una obsesiva, no puedo dejar esto atrás. Sin una despedida correcta es difícil aceptar el final.


Lo que yo no sabía es que ese era nuestro último beso. Lo que yo no sabía es que tú te estabas despidiendo. ¿Por qué me dejaste así? Con ganas de más, más tiempo juntos, más... Por que no me pudiste decir que ese era nuestro último momento. Es fácil para ti, tú te despediste mientras yo confiaba en el mañana...


Un mes he soportado, estoy segura que la vida es linda, lo sé. Les dejo un fragmento del poema que hemos leído en la clase de hoy.

(Come chocolates, niña;
¡Come chocolates!
Mira que no hay más metafísica en el mundo que la de los
chocolates.
Mira que todas las religiones no enseñan más que la confitería.
¡Come, niña sucia, come!
¡Si pudiera yo comer chocolates con la misma verdad con que tú
los comes!
Pero yo pienso y, al quitarles el papel plateado, que es de estaño,

Arrojo todo al suelo, como tiré la vida.)
Fernando Pessoa. Tabaquería.





Es lindo que aún cuando llueva, podamos ver el Sol brillar.

jueves, 21 de julio de 2011

Ese extraño sentimiento...

I can’t tell you what it really is
I can only tell you what it feels like
And right now there’s a steel knife in my windpipe
I can’t breathe but I still fight while I can fight
Love the way you lie  

Así es justo como me siento, las lágrimas salen nuevamente, y me doy cuenta que aunque el tiempo ha pasado mi dolor es igual que el de ayer, siento como si la distancia entre nosotros fuera de un día, como si la discusión fuese sólo ayer, pero a la vez siento como si hubieran pasado dos años...

Te extraño.

Te quiero.

Nunca he sido buena expresando lo que siento, cuando tengo emociones muy fuertes me da un ataque cardiaco, una taquicardía, y como no se hablar con los demás tengo que escribir una carta para leerla ante esa persona, mientras tiemblo y mi respiración se acelera, cuanto tarde en darte una razón (no tan buena) de porque te quiero, la verdad a nadie le había importado nunca lo que sentía o pensabe, pero de pronto tú me tomas en serio, que me cuesta saber que pasa y como actuar.

Recuerdas esa vez , incluso pensaste que era otra persona, yo quiero que me digas que pasa realmente, quiero que me digas que es lo que tú sientes, quiero arreglar las cosas entre nosotros, está bien si quieres que luego nuestros caminos no se crucen luego, pero no puede vivir con la sensación de que no lo he hecho todo para ayudarte, porque la verdad es que no he hecho nada...

Sólo una palabra, me dijiste que no esperara nada, pero no puedo, sólo no puedo evitar preocuparme por ti, he llorado tanto, me duele pensar que tú podrías estár herido de igual manera.

La primera vez tú llegaste a mi vida, ahora deja que sea yo la que entre a la tuya...

Soy tan patética, tienes razón, los gatos somos demonios, sólo pensamos en nosotros mismos, si me aferro a ti para no acabar con toda mi vida, te haré mucho daño, creo que es tiempo de terminar esto, pero tengo miedo, tengo mucho miedo, ¿crees que al menos puedas decirme adiós, para entenderlo de lleno, no tiene que ser en persona y si lo puedes decir, podrías decirme también que paso con tu beca, con el corazón de ella?

Sólo quiero saber, quiero que seas feliz y sé que te tengo que dejar ir, pero esas cuestiones me siguen abordando, mientras me torturo con el peor de los escenarios...


miércoles, 20 de julio de 2011

La melancolía...

Bien, las pastillas ayudan, la anestecía de mi alma comienza a ceder.

Ahora duele otra vez, un poco pero duele.

La verdad es que quiero un abrazo, escuchar unas palabras como las que hace tiempo que no escucho...quiero platicar con alguien, decirle que tengo miedo de las peleas de mis padres, que estoy triste, debastada, sólo quiero platicar como la hacía antes, pero me cierro a los demás, no suele confiar en todos, me cuesta trabajo.

Sólo me reporto.

El mundo (mi mundo) se quiebra lentamente pero sigo aquí esperando.

Por fin una buena toma del cielo...es muy linda, me hace sonrreir y olvidar mi melancolía.